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Y ¿quién cuida a la persona que cuida?

Ser cuidador o cuidadora no es tarea fácil. Esta labor exige asumir unas responsabilidades y unas tareas muy pesadas, para las que usualmente no se tiene preparación o capacitación en lo que respecta a las recomendaciones para el cuidado personal del cuidador/a, por lo que la persona que se hace cargo de otra por un largo período de tiempo puede presentar lo que se ha denominado “desgaste o síndrome del cuidador”, generado básicamente por la rutina de desgaste físico y psicológico que esta labor implica, de ahí que se dice “también hay que cuidar al cuidador”, sobre todo cuando el cuidador/a padece alguna enfermedad, tiene una condición de discapacidad o simplemente es una persona adulta de edad avanzada.

Según los expertos el llamado “síndrome del cuidador”: es un trastorno caracterizado por un gradual agotamiento físico y psíquico que se presenta en personas que desempeñan el rol de cuidador principal de una persona dependiente.

En una primera instancia, se presenta el cansancio físico, como producto de las horas que se dedican al cuidado de las personas dependientes: moverlas, cambiarles ropa o pañales, darles de comer, bañarlas, acostarlas, controlar los medicamentos, conversar con ellas, escucharlas, trae como consecuencia agotamiento físico.

Posteriormente, cuando estos cuidados se vuelven rutinarios, esa rutina provoca bloqueo mental y muchas veces se crean condiciones que propician errores o desatenciones en el cuidado, lo que a su vez da lugar a la aparición de sentimientos de culpa y al desgaste emocional, por el hecho de ser criticado o juzgado en su estilo de atención o en las decisiones que toma.

A lo anterior debe agregarse que en la mayoría de los casos son las mujeres quienes habitualmente asumen el trabajo de cuidar, con la correspondiente sobrecarga del trabajo doméstico. Así el nivel de vulnerabilidad ante el síndrome del cuidador se incrementa.

Finalmente, esta situación, llama a exigir políticas estatales que repiensen los trabajos de cuidado no como algo privado que se hace por amor, sino como uno de los ejes del soporte de la economía del país, con el fin de que se dispongan acciones para la capacitación, asistencia económica y apoyo por parte de instituciones públicas.

Pero mientras tanto, es menester que todos procuremos colaborar creando espacios comunes y solidarios para que las personas cuidadoras a nuestro alcance puedan:

  • Cuidar su alimentación, de preferencia ingerir alimentos sanos y tres veces al día.
  • Realizar actividades de esparcimiento (entretenimientos, paseos, pequeñas reuniones, caminatas, con la finalidad de cambiar de ambiente y distraerse) que neutralicen la carga de la rutina haciéndola más llevadera.
  • Tomar los momentos de descanso en forma oportuna, para que con ello logren mantener un estado de ánimo adecuado y controlar la irritabilidad y el mal humor.
  • Hacer ejercicio y cuidar su salud física,  para reducir el estrés e incrementar la sensación de relajamiento y reanimo.
  • Tener espacios para la reflexión y la oración que le otorguen sentido a su labor.

Asimismo,  es vital que la persona cuidadora esté dispuesta a pedir ayuda a familiares o a profesionales con los que pueda compartir el trabajo, esto le permitirá construir una red de apoyo para sobrellevar la situación y conectarse con personas que estén viviendo una experiencia similar.

©Roberto Chacón Zúñiga