La modernidad o posmodernidad; como algunos prefieren llamarla, ha profundizado el desarrollo de la tecnología y con ello ha potenciado la necesidad de generar comunicaciones eficaces, entendidas éstas como aquellas comunicaciones precisas, concisas, claras y de impacto, que permiten el sano desarrollo de las diferentes formas de convivencia social. A su vez, este fenómeno se relaciona con la adquisición de habilidades y destrezas que permiten el mejoramiento permanente de las formas de comunicación entre las personas.
Sin embargo, cuando se evalúan las competencias lingüísticas de las personas, resulta evidente que la gran mayoría presenta dificultades a la hora de expresarse, especialmente en forma escrita, situación que consecuentemente genera efectos adversos o limitaciones para el crecimiento personal y profesional.
Es en este punto, donde el ejercicio de la poesía, ya sea como producción o lectura, facilita el enriquecimiento de la capacidad de uso del lenguaje, en virtud de que exige un uso muy distinto a los usos cotidianos. Es decir, su elaboración, lectura y comprensión requiere un proceso sostenido de aprendizaje.
Ahora bien, la barrera más importante surge cuando a pesar de los beneficios de la poesía, muchas personas tienden a sentir rechazo hacia esta, tal vez por la razón de que usualmente se le califica como una forma literaria extraña o inaccesible, en función de que ella no necesariamente obedece a una narrativa común.
No obstante, es esta característica la que le permite fomentar una forma mucho más audaz, creativa y abstracta de usar el lenguaje, gracias a sus aportes. En este sentido, entre las contribuciones más importantes de la poesía se pueden mencionar:
El énfasis en las propiedades estéticas del lenguaje, como una forma de comunicar emociones y nuevos significados, por medio de la construcción de imágenes visuales o contenidos con información sensorial intensa.
La estructura rítmica de las líneas, frases, oraciones e incluso palabras. La poesía tiene sonido, independientemente de si se lee en voz alta o en silencio. Además, esta característica promueve el desarrollo del lenguaje no verbal.
El rigor al elegir las palabras, es decir, al utilizar la poesía menos palabras que los cuentos, las novelas y los ensayos, cada palabra tiene un valor estratégico, motivo por el cual su elección debe hacerse con mucho cuidado, con el fin de que logre atraer la atención; en ocasiones subconsciente, hacia las ideas o emociones que se desean comunicar, para abrir de esta forma puertas a la reflexión y la conversación, de modo que se contribuya al desarrollo de la sensibilidad.
Por último, la poesía estimula formas de pensamiento complejas, como resultado del ejercicio de reflexión, que conduce al incremento de la creatividad, la imaginación y el pensamiento abstracto.
Es por todo esto que invitamos a leer y escribir poesía, como un medio para mejorar la calidad de las comunicaciones.
Roberto Chacón Zúñiga
